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Variables del psicólogo que favorecen el resultado terapéutico:

Las habilidades comunicacionales son, dentro de la formación de un psicólogo clínico, un capítulo relevante; pero quizás, uno de los más difíciles, debido a que conlleva procesos que en la vida cotidiana el psicólogo realiza como un hablante más, y que en situaciones terapéuticas ha de plantearse bajo el análisis y la postura profesional. Lo difícil, por tanto, puede ser transformar la actitud del terapeuta.


El proceso comunicacional también contiene la interacción en base al código no verbal, enriqueciendo el intercambio con información no siempre consciente y voluntariamente entregada, aunque curiosamente, esa información es siempre emitida por el emisor y a su vez es siempre recibida por el interlocutor, dando una gran cantidad de información acerca del relato del otro y de la actitud de escucha del otro.

El tipo de relación que se establece entre psicólogo y paciente tiene importantes consecuencias en el resultado del proceso terapéutico e incrementan notablemente la tasa de éxito de la terapia. En esa línea se han focalizado los estudios en las habilidades o características del terapeuta. Recordemos que Rogers (1957) propuso que las características de terapeuta "necesarias y suficientes" para lograr realizar una terapia eficaz eran: empatía, visión positiva, calidez no posesiva y autenticidad o coherencia. Actualmente se considera que son variables necesarias, pero existe discrepancia en torno a la condición suficientes, dando paso así, a una también importante consideración de las variables y características del paciente y de las propias de la interacción entre ambos. Beck, Rush, Shaw y Emery, (1979) plantearon también su versión de las características de terapeuta implicadas en el buen curso de la terapia: sinceridad, autenticidad y no juicio.


En una revisión  acerca de las variables del clínico que favorecen la alianza terapéutica, reseñada por Gavino (2005) y realizada por Ackerman y Hilsenroth (2003) se explicitan como características principales las siguientes:

Flexible: implica la capacidad de adaptar la forma de comunicarse a las características del paciente y de la situación.
Experimentado: el psicólogo muestra experiencia clínica.
Honesto: el paciente percibe al psicólogo como una persona sincera y honrada.
Respetuoso: el profesional respeta los valores y la forma de expresarse y comunicarse del paciente.
Fiable: el psicólogo es percibido por el paciente como una persona digna de confianza.
Seguro de sí mismo: el paciente percibe al clínico como una persona segura y que sabe lo que hace.
Interesado: el psicólogo transmite interés por el paciente y por su problema.
Atento: el clínico muestra un actitud atenta a lo largo de la sesión, hacia las manifestaciones verbales y no verbales del paciente.
Amistoso: el paciente percibe al clínico como cercano.
Cálido: el psicólogo es percibido como cariñoso y afectivo.

EL DOLOR CRÓNICO


El dolor cumple una función biológica adaptativa, funciona como una señal de alarma. Nos enseña a identificar objetos y situaciones que pueden resultar peligrosos para nuestra salud e integridad.
  
El dolor sólo cumple esta misión beneficiosa cuando su percepción se produce de forma  temporal en función del daño o enfermedad, y su remisión depende de la propia curación de éstos, es decir, cuando se trata de "dolor agudo".
Sin embargo, cuando el problema de dolor se prolonga más allá de la curación de la enfermedad, aparece recurrentemente, o se produce a causa de una patología conocida pero difícil de curar, pasa a constituir un problema para el individuo. Hablamos de dolor crónico cuando permanece durante un periodo superior a 6 meses y es resistente a la terapéutica convencional.
Es mayor la ocurrencia de problemas de dolor crónico en las mujeres que en los hombres y su mayor frecuencia entre la población trabajadora.
  
El sufrir de forma continua o repetitiva una experiencia tan aversiva como es el dolor, condiciona muchas de las actividades de la vida del paciente: sus relaciones familiares, laborales, sociales, el tiempo de ocio, etc. No resulta pues extraño que estos pacientes manifiesten, además del dolor, otra serie de problemas como ansiedad, depresión, abuso de bebidas alcohólicas y tranquilizantes.
  
El dolor crónico tiene que ver con la ocurrencia de una estimulación sensorial nociceptiva, y/o una alteración en los centros neurales responsables de su integración en el caso (dolor neurpático). Su cronicidad ocurre merced a un fallo de la autorregulación natural, de los sistemas endógenos de analgesia, de la capacidad de adaptación de la persona ante el problema y, de las limitaciones de la terapéutica médica.
  
El dolor crónico es, principalmente, el resultado de un fallo en los sistemas naturales de analgesia ligados, generalmente, a una condición sensorial concreta, y adicionalmente, a la falta de recursos personales (psicosociales) para afrontar las implicaciones vitales que ello supone.
  
Ha habido y hay muchos modelos explicativos del dolor. Actualmente, Melzack y Casey propusieron la existencia de 3 dimensiones del dolor:
·    Dimensión sensorial-discriminativa
·    Dimensión motivacional-afectiva
·    Dimensión cognitivo-evaluativa
El peso específico de cada dimensión variará entre las personas, y en la misma persona en diferentes situaciones.
  
MCDonald y Leary definieron el dolor social como la reacción emocional seguida de la percepción de que uno es excluido de relaciones sociales deseadas, o es rechazado por personas o grupos deseados.
Tratamiento psicológico del dolor crónico
El dolor crónico es quizá el trastorno psicofisiológico en el que la aproximación cognitivo-conductual ha demostrado más ampliamente su utilidad clínica. Puede haber influido la gran aceptación en el ámbito médico del acercamiento multidisciplinar a este tipo de problemas, en el que la etiología suele ser desconocida o dudosa, y en el que hay escasa eficacia de los analgésicos para mitigar algunos tipos de dolor, sobre todo conforme avanza el proceso de cronificación.
El objetivo de la mayoría de las técnicas psicológicas, no es abordar y eliminar directamente el dolor, sino que se debería centrar en conseguir que el sujeto acepte el trastorno crónico que padece y aprenda una serie de estrategias para reintegrarse a su vida normal a pesar del dolor.
Técnicas de regulación fisiológica
La relajación en el tratamiento del dolor crónico
El  uso de la relajación no tiene un efecto directo sobre el control del dolor. Su acción produciría una reducción de un determinado tipo de actividad fisiológica: la musculoesqueletal, así como una disminución de la actividad adrenérgica y un aumento de la actividad parasimpática. Estos efectos podrían, de forma genérica, producir una disminución de la ansiedad y, también, la reducción de algunas actividades fisiológicas concretas que pudieran perpetuar o incrementar el dolor.
El entrenamiento en biofeedback en el tratamiento del dolor crónico
El biofeedback es el procedimiento más adecuado de intervención tanto para las cefaleas tensionales como las migrañas, por lo tanto el entrenamiento en biofeedback es efectivo en la reducción de las cefaleas.
Tratamiento de los aspectos conductuales
Inicialmente desarrollado por Fordyce, tiene como objetivos prioritarios la extinción de las conductas de queja y evitación, el incremento gradual de actividades adecuadas y la progresiva reducción del uso de analgésicos. Su aplicación está restringida a una serie de condiciones:
Programación gradual de actividades y ejercicio. El objetivo es revertir la inactividad para eliminar las consecuencias que origina (disminución de las actividades gratificantes y distractoras, incremento de la dependencia de los demás, disminución de la tolerancia al ejercicio, aumento de tensión, miedo a realizar cualquier actividad, etc.).
Reforzamiento social. El objetivo es la reorganización de las contingencias de reforzamiento que suelen contribuir al mantenimiento del comportamiento desadaptado
Contingencias de medicación. El objetivo es la disminución gradual de los analgésicos. La intervención debe comenzar por establecer la línea base de medicamentos respetando al principio la dosis total diaria pero sustituyendo la pauta de medicación contingente con el dolor por otra basada en la división de la dosis total en intervalos temporales fijos (la toma de medicación de convierte en un potente reforzador de las conductas de dolor). Posteriormente, se reduce gradualmente la dosis hasta eliminar la medicación.

Estrategias de autocontrol. Resulta imprescindible para que los pacientes puedan generalizar lo aprendido a su vida ordinaria.
 Tratamiento de los aspectos emocionales
Cuando con el tratamiento se consigue disminuir el dolor, es frecuente observar también mejoría en el estado emocional, y de forma paralela, el tratamiento de la alteración emocional, suele tener efectos positivos sobre el dolor percibido. Pero esto no es siempre así.
El miedo y la ansiedad pueden reducir el dolor sólo cuando están producidos por una situación que no tiene que ver con el dolor (caso del soldado malherido que huye del enemigo). Pero cuando la ansiedad se deriva del padecimiento del dolor, se produce un aumento en la percepción del propio dolor, con lo que el bucle dolor-ansiedad-dolor se retroalimenta a sí mismo.
En los trastornos de dolor crónico, la depresión es el problema emocional más frecuentemente observado. Suele ser una consecuencia lógica del estilo de vida de los pacientes con dolor crónico. Además, suele producir un agravamiento en el propio problema de dolor al incrementarse las limitaciones conductuales y las cogniciones negativas autoreferidas, con lo que el círculo vicioso dolor-depresión-dolor se perpetúa.
A pesar del reconocimiento de la influencia de la depresión sobre el dolor, el tratamiento de la depresión no ha llegado a ser uno de los componentes principales en el tratamiento del dolor crónico, lo que no significa que el abordaje de la depresión haya quedado fuera de los programas. De hecho, se incluyen técnicas con claro poder sobre los síntomas depresivos, como la programación de actividades gratificantes o la reestructuración cognitiva.

Técnicas cognitivas
Una de las aportaciones más fructíferas es la adaptación de la técnica de inoculación de estrés al ámbito del dolor crónico de Turk. Consta de las mismas 3 fases: educacional, adquisición de habilidades específicas y aplicación práctica
Los programas cognitivo-conductuales que actualmente se utilizan suelen aplicarse en grupo e integrados en programas multidisciplinares más amplios, en el contexto de las Clínicas del Dolor. Estos programas integran todas las técnicas que puedan resultar eficaces para cubrir cada objetivo (Turk y Meichenbaum).
Entre los programas de tratamiento estandarizado está el de Clare Philips, que para el caso de la fibromialgia consta de diez sesiones y se realiza en grupos de 8 a 12 personas.

1ª sesión de introducción al tratamiento
2ª sesión en torno a la uso de la relajación
3ª sesión en torno a las emociones
4ª sesión sobre las actividades diarias y el dolor
5ª sesión sobre otros síntomas que caracterizan el síndrome de fibromialgia,
     concretamente el insomnio y disfunciones sexuales
6ª sesión dedicada a la solución de problemas
7ª sesión sobre los pensamientos negativos
8ª sesión sobre la focalización de la atención y las quejas en el mantenimiento del    
     malestar.
9ª sesión centrada en el deterioro intelectual
10ª sesión de revisión e integración.
 Conclusión
El tratamiento psicológico del dolor crónico debe ser capaz de responder a dos aspectos fundamentales, que requieren reconocer el dolor y aceptar su existencia:
  • Actuar sobre el dolor de modo que los sistemas de regulación natural operen adecuadamente. Este deber permitir, atendiendo a las sensaciones percibidas y a las respuestas fisiológicas relacionadas con el dolor, hacer más efectivos los sistemas de regulación fisiológica del dolor.
  • Impedir que éste se haga dueño de la vida del paciente, impidiéndole ser persona. Requiere reconocer los problemas y ponerse a recuperar actividades que se consideran valiosas.
Las técnicas de biofeedback, neurofeedback, la hipnosis, la relajación y otros procedimientos de naturaleza psicofisiológica han mostrado su utilidad respecto del primer objetivo. Por otro lado, la terapia cognitivo-conductual y más concretamente los desarrollos denominados de tercera generación entre los que cabe incluir especialmente la terapia cognitivo-conductual contextual procura los medios adecuados para que la persona recupere el control de su vida, haciendo de su comportamiento, según sus valores, el elemento clave de su vida.
Para más información:
Lecciones de terapia de conducta, Comeche Moreno y varios,  Dykinson.
Manuel de terapia de conducta vol I y II, Miguel A. Vallejo, Dykinson.

Trastorno de Rett

Este síndrome, aunque había sido descrito por A. Rett con anterioridad, es conocido por la comunidad científica en 1983. La característica fundamental del trastorno de Rett es la aparición de múltiples déficits específicos después de un breve período de desarrollo normal. Este trastorno está asociado siempre a una deficiencia mental grave o profunda y se manifiesta por una ausencia o pérdida de la actividad intencional de las manos y por el desarrollo de unos movimientos estereotipados característicos de "lavado de manos".
 
Consiste en una alteración grave del neurodesarrollo que afecta casi exclusivamente a niñas. Es un trastorno neurológico de base genética provocado por la mutación del gen MeCP2 situado en el cromosoma X.
 

 
Negrón y Núñez (1997) describen diferentes etapas en el desarrollo del Síndrome de Rett en función de la edad de las niñas: 
  • Estadio 1: Abarca, aproximadamente de los 6 a los 18 meses. Durante este período el desarrollo motor se lentifica, se observa pérdida de la atención, falta de interés por el juego y comienzan a aparecer las estereotipias manuales.
  • Estadio 2: Esta etapa caracteriza el desarrollo de las niñas entre 1 y 3 años de edad. Es el período más dramático porque se produce un deterioro general del desarrollo con pérdida de las habilidades adquiridas (aislamiento, pérdida de lenguaje y el uso funcional de las manos) y aparecen los problemas motores de falta de coordinación en la marcha y de hiperventilación, también pueden aparecer convulsiones.
  • Estadio 3: Puede abarcar desde la edad preescolar hasta los 11 años y se caracteriza por una estabilización del desarrollo y una mejora en el contacto emocional con los otros. Continúan las alteraciones de la motricidad y la hiperventilación.
  • Estadio 4: Durante este período lo más sobresaliente es la mejoría del contacto emocional. Los problemas motores se agravan impidiendo en algunos casos la marcha.

Intervención clínica en Modificación de la Conducta.


CARACTERIZACIÓN DE LA INTERVENCIÓN CLÍNICA EN MODIFICACIÓN DE LA CONDUCTA (MC)
     (Esquema)

Enfoque cognitivo:

Existe una pluralidad de modelos que tienen en común un cierto género representacional (esquemas mentales, creencias, estructuras cognitivas, PI, etc.); la representación mental de la realidad o del mundo de la que depende la conducta y los problemas psicológicos.

Así el cambio psicológico se orienta al cambio del sistema representacional.

Tendencias:
         Cognitivo-conductual: enfoque cognitivo de referencia con sus tres enfoques:
                  ·         R eestructuración cognitiva.
                  ·         Afrontamiento de situaciones.
                  ·         Solución de problemas.
         Constructivista.

 Esquema ABC del enfoque cognitivo

          

Si las mediaciones cognitivas B tienen un signo negativo (irracional, catastrófico, etc.), traen consecuencias problemáticas.

El análisis psicológico o evaluación conductual empieza por determinar el problema en términos conductuales y reacciones emocionales.
 
        En la terapia racional emotivo-conductual de Ellis se intentan descubrir creencias   
      irracionales.
      —         En terapia cognitiva de Beck, los esquemas cognitivos y distorsiones en el PI.
      —         En el entrenamiento autoinstruccional de Meichembaum, lo que uno se dice a sí
      mismo.
      —         En la terapia cognitivo-conductual del pánico de Clark, las interpretaciones de
      sensaciones corporales.
 
En el esquema ABC de la terapia racional emotivo-conductual incluye:

                      D (Discusión) que es el aspecto cognitivo.
                    —         E (Experimentación) que es el aspecto conductual.



Enfoque contextual:
 
Más propia de la MC. Condiciones ambientales como determinantes de la conducta y de los problemas psicológicos.
 
Intervención con base en la exposición, manejo directo de contingencias, control verbal o manejo indirecto de contingencias.

Esquema ABC del enfoque contextual:

                         
                                                                                
 La conducta puede tener más de una consecuencia; puede tener varios reforzadores que la mantienen.
 
Contingencia de tres términos:

Su forma esquemática mínima sería:  Ed: C à R, es decir, en presencia de un cierto estímulo discriminativo (Ed), determinada conducta (C), probablemente venga seguida de tal reforzador (R).

Así el cambio queda planteado como intervención en las condiciones (A) y (C) de las que depende la conducta (B).

¿Por qué se genera la depresión?

La depresión es un trastorno del estado ánimo que padecen más de 150 millones de personas en el mundo. Hay diversas causas que la generan, y también hay soluciones.

Trastornos de la alimentación

Las personas con trastornos alimentarios presentan conductas alteradas de la alimentación como consecuencia de los intentos que hacen por controlar su peso y su cuerpo.
Afecta principalmente a mujeres (95%) principalmente entre 10 y 30 años. Todas las personas que la padecen presentan alteraciones en su imagen corporal. Predomina mucho más en las sociedades occidentales debido a factores socioculturales e influyen variables personales, sociales, fisiológicas y psicológicas.
Anorexia significa falta de apetito, que puede ser debido a muchas causas, por ejemplo tener una gripe.
Anorexia Nerviosa es cuando la persona no come, pero no deja de pensar qué alimentos debe ingerir para no estar gorda. La patología radica en el deseo irrefutable de seguir adelgazando.
Existen tres trastornos de la conducta alimentaria:
F50.0 Anorexia nerviosa [307.1]
F50.2 Bulimia nerviosa [307.51]
F50.9 trastorno de la conducta alimentaria no especificado [307.50]
La Anorexia nerviosa (F50.0) presenta ciertas características:
- Distorsión de la percepción de la imagen corporal (verse gorda
aun estando delgada).
- Percepción distorsionada de los estímulos propioceptivos.
- Sentimiento general de la ineficacia personal.
- Falta de conciencia de enfermedad.
Los criterios diagnósticos y características clínicas según DSM-IV-TR son.
a. Rechazo a mantener el peso corporal igual o por encima del valor mínimo normal considerando la edad y la talla, o fracaso en conseguir el aumento de peso normal durante el periodo de crecimiento, dando como resultado un peso corporal inferior al 85% del peso esperable. Se convierte en el centro de todas sus preocupaciones y perturba gravemente el resto de facetas de su vida. Aunque tengan hambre mitigan los efectos bebiendo agua, tomando anfetaminas, laxantes, provocando vómitos o teniendo exagerada actividad física.
b. Miedo intenso a ganar peso o a convertirse en obesa, incluso estando por debajo del peso normal.
c. Alteración de la percepción del peso y la silueta corporales. Ausencia de al menos tres ciclos menstruales (amenorrea).
Debe especificarse el tipo:
- Tipo restrictivo: durante el periodo de anorexia nerviosa, el individuo no recurre a atracones o a purgantes. Se caracterizan por ser personas perfeccionistas, rígidas e hiperresponsables.
- Tipo compulsivo/purgativo (vomitadoras o anoréxicas bulímicas): durante el episodio de anorexia nerviosa, recurren a atracones seguidos de purgas (vómitos, laxantes, diuréticos o enemas).
Bulimia nerviosa (F50.2). La bulimia es hambre desmesurada. La bulimia nerviosa en el ámbito clínico es la necesidad irrefutable de ingerir grandes cantidades de comida. Después la persona tiene fuertes sentimientos de culpa y siente la necesidad de mitigar los efectos (p.ejemplo induciéndose vómitos).
Estas personas tienen una pérdida subjetiva del control de la ingesta.
Predomina en mujeres (95%) entre 18 y 25 años.
Los criterios para el diagnóstico según DSM-IV-TR son:
a. Presencia de atracones recurrentes. Sensación de pérdida de control sobre la ingesta del alimento (no poder parar de comer).
b. Conductas compensatorias inapropiadas con el fin de no ganar peso (provocación del vómito uso de laxantes, diuréticos, enemas, ayuno, ejercicio excesivo, etc.).
c. Los atracones y las conductas compensatorias inapropiadas tienen lugar, como promedio, al menos dos veces a la semana durante un periodo de tres meses.
d. La autoevaluación está exageradamente influida por el peso y la silueta corporales.
e. La alteración no aparece exclusivamente en el transcurso de la anorexia nerviosa.
Debe especificarse el tipo:
- Tipo purgativo: durante el episodio de bulimia nerviosa el individuo se provoca regularmente el vómito o usa laxantes, diuréticos, etc.
- Tipo no purgativo: durante el episodio de bulimia nerviosa, el individuo emplea otras conductas compensatorias inapropiadas, como el ayuno, ejercicio intenso, pero no recurre a provocarse el vómito, ni usa laxantes ni diuréticos.
En todos los tipos existe comorbilidad alta con ansiedad, depresión, irritabilidad e ideación suicida.
Hay que efectuar un diagnóstico diferencial con tumores hipotalámicos, síndrome de Klein-Levin y de Klüiver-Buc, así como de fobias sociales.
La Anorexia nerviosa y la Bulimia nerviosa comparten muchas características. El estado de demacración de la paciente (bajo peso) podría ser un criterio distintivo característico de las anoréxicas, aunque es simplificar mucho el diagnóstico. Otro, son los episodios bulímicos (los atracones). También es importante el seguimiento de índice de Masa Corporal.
El síndrome de Russell (marcas características en las manos provocadas por los dientes por vómitos frecuentes) sería un indicativo para saber si se trata de subtipo purgativo o no.
De hecho las anoréxicas subtipo bulímico y las bulímicas tienen más en común entre sí que con las anoréxicas del tipo restrictivo.

Neurobiología de las emociones.

Teorías de James-Lange, Cannon-Bard y Papez
(lloramos porque estamos tristes o estamos tristes porque lloramos.
Cómo procesamos las emociones).
De manera independiente James y Lange propusieron la primera teoría fisiológica de la emoción. Según estos autores la corteza recibe e interpreta los estímulos sensoriales que provocan emoción y provocan cambios en los órganos viscerales (corazón, etc.), y en los músculos. Posteriormente las respuestas neurovegetativas y somáticas provocan la experiencia de la emoción en el cerebro. Así la aceleración del ritmo cardiaco y salir corriendo producen la sensación de emoción, y no al revés, como puede ser la forma normal de pensar según el sentido común. Según estos autores la experiencia emocional depende de la retroalimentación de la actividad del sistema nervioso.
Posteriormente (1915) Cannon y Bard propusieron una teoría alternativa. Según ellos los estímulos emocionales tienen dos efectos independientes. Provocan independientemente el sentimiento de emoción en el cerebro, así como la expresión de la emoción en el sistema nervioso. Consideran que la experiencia emocional y la expresión emocional son procesos paralelos que no tienen una relación causal directa.
Las experiencias en laboratorio durante muchas décadas no niegan ninguna de las dos teorías, pero tampoco las confirman del todo. Actualmente se acepta que tanto La percepción del estímulo que provoca la emoción, las respuestas al estímulo y la experiencia emocional influyen entre ellas de manera paralela.
En 1937 Papez propuso que la expresión emocional está controlada por el sistema límbico: amígdala, cuerpos mamilares, hipocampo, trígono cerebral, corteza cingulada, el septum, bulbo olfativo e hipotálamo. Así los estados emocionales se experimentan a través de las estructuras del sistema límbico sobre la corteza.
Según Papez tanto el estímulo emocional como la respuesta corporal generan el sentimiento de la emoción. El estímulo a través de Tálamo, corteza sensorial y corteza cinculada, y la respuesta corporal a través de Hipotálamo, Tálamo anterior y corteza cingulada.
LeDoux (2000), nos indica que el sistema límbico no es un concepto definido, y no mantiene la existencia de un circuito general que explique el procesamiento emocional. Este autor se ha centrado básicamente en el estudio del miedo como emoción más universal.
En todo esto la importancia de la amígdala no reside en procesar las emociones, sino que interviene en la memoria del significado emocional de las experiencias.

Os dejo el enlace de una video titulado:
Lloramos porque estamos tristes o estamos tristes porque lloramos:

Cosas importantes en nuestra relación con los demás


Recuerdo mi primer examen en la universidad, fue en la asignatura de Álgebra Lineal. La primera pregunta fue:

¿Cómo se llama el conserje de nuestra facultad?

La primera cosa que aprendí fue que las personas son lo importante.

En nuestra relación con los demás hay: Ocho expresiones básicas:

1 - Nosotros.
2 - Admito que el error, fue mío
3 - ¿Qué necesitas?
4 - ¡Usted ha hecho un buen trabajo!
5 - ¿Cuál es su opinión?
6 - Por favor.
7 - ¡Mucha gracias!
8 - Te quiero.

Y siete actos importantes:
 
1 - Saber considerar los sentimientos de los otros.
2 - Hablar con las personas con normalidad.
3 - Sonreir.
4 - Llamar a las personas por su nombre.

5 - Ser amigo solícito.
6 - Ser sincero.
7 - Interesarse por los demás.

Trastornos de la personalidad


La definición más aceptada de personalidad es la de Eysenck: “parcela del funcionamiento personal que es resistente al cambio, consolidada, y posee generalidad y coherencia de respuestas”.
Respecto a la personalidad, Eysenck establece tres dimensiones:
A. Neuroticismo: inestabilidad emocional.
B. Introversión: aislamiento, aparejado a fuerte carga de excitación cortical.
C. Psicoticismo: Tendencias antisociales de la personalidad.
Actualmente el modelo que se está convirtiendo en punto de referencia es el modelo de los cinco grandes de Costa, que incluye cinco factores:
A. Neuroticismo
B. Extraversión
C. Cordialidad
D. Minuciosidad, escrupulosidad
E. Apertura a experiencias.
En el Análisis Factorial entre este modelo y DSM-III-R, Neuroticismo satura el trastorno de personalidad límite, el dependiente y el compulsivo.
Existen otros modelos, además de otras categorías diagnósticas, como los importantes criterios de Millon. Pero aquí nos ceñiremos al DSM-IV-TR, ya que CIE-10 no aporta definición concreta de qué es un trastorno de personalidad y los criterios de Millon, además de entrar en explicaciones biológicas (modelo teórico), sirve de base para DSM-IV-TR, que es ateórico.
El capítulo 16 del DSM-IV-TR define el trastorno de la personalidad como un patrón permanente e inflexible de experiencia interna y de comportamiento que se aparta de las expectativas de la cultura del sujeto. Tiene su inicio en la adolescencia o principio de la edad adulta. Es estable a lo largo del tiempo y comporta malestar al sujeto.
La clasificación de DSM-IV-TR (al igual que CIE-10) es categorial (ateórica). Entiende los trastornos de la personalidad como entidades patológicas individuales y delimitadas entre sí.
Los rasgos de personalidad son definidos por DSM-IV-TR como patrones persistentes de formas de percibir, relacionarse y pensar sobre el entorno o sobre uno mismo. El trastorno de personalidad se da cuando estos rasgos (egosintónicos: la persona se siente bien como es, o considera el sufrimiento como inevitable), se hacen inflexibles y desadaptativos y causan un deterioro funcional significativo y malestar subjetivo.
La diferencia entre el paciente con trastorno de personalidad y el paciente neurótico es la siguiente:
Los síntomas del neurótico son autoplásticos (repercuten en su propio perjuicio y sufrimiento y son experimentados como egodistónicos). Los síntomas del trastorno de personalidad son aloplásticos (repercuten en los demás y son aceptados por el ego del paciente).
Un ejemplo descriptivo sería considerar la sintomatología neurótica como una “china” en el zapato del paciente (lo sufre él mismo y nadie lo nota). La sintomatología de la personalidad anómala es como el mal aliento (lo sufren los demás).
El DSM-IV-TR distingue diez tipos de trastornos de la personalidad, reunidos en tres grupos según similitudes.
Para ser diagnosticado de un trastorno se ha de cumplir un número determinado de criterios de esa categoría (ver DSM-IV-TR). Aquí no se indican.
A. Raros o excéntricos (se caracteriza por un anómalo patrón penetrante de cognición: sospechas, expresión: lenguaje extraño y relación con los otros (aislamiento)
1. (F60.0) Trastorno Paranoide de la personalidad: desconfianza excesiva o injustificada, suspicacia, hipersensibilidad y poca afectividad.
2. (F60.1) Trastorno Esquizoide de la personalidad: Dificultad para establecer relaciones sociales, ausencia de sentimientos cálidos y tiernos, indiferencia a la aprobación o crítica.
3. (F21) Trastorno Esquizotípico de la personalidad: Anormalidades de la percepción, del pensamiento, del lenguaje y de la conducta, sin ser esquizofrenia.
B. Dramáticos, emotivos o inestables (patrón de violación de las normas sociales como comportamiento criminal, emotividad excesiva y grandiosidad, exteriorización de sus rasgos.
1. (F60.2) Trastorno Antisocial de la personalidad: conducta antisocial en la que se violan los derechos de los demás.
2. (F60.3) Trastorno Límite de la personalidad: Inestabilidad emocional, de la identidad, de la autoimagen y en la conducta interpersonal.
3. (F60.4) Trastorno Histriónico de la personalidad: conducta teatral, relaciones interpersonales marcadas por la superficialidad, egocentrismo, hipocresía y superficialidad.
4. (F60.8) Trastorno Narcisista de la personalidad: Sentimiento de importancia y grandiosidad, fantasías de éxito, necesidad exhibicionista de atención y admiración.
C. Ansiosos o temerosos (caracterizado por temores anormales, relaciones sociales, separación y necesidad de control)
1. (F60.6) Trastorno Evitativo de la personalidad: Hipersensibilidad al rechazo, la humillación o a la venganza. Retraimiento social, baja autoestima.

2. (F60.7) Trastorno Dependiente de la personalidad: pasividad para que los demás asuman las responsabilidades y decisiones propias. Incapacidad para valerse solo. Falta de confianza en uno mismo.

3. (F60.5) Trastorno Obsesivo-compulsivo de la personalidad: Perfeccionista, obstinado, indeciso, dificultad para expresar emociones cálidas y tiernas.

Los criterios diagnósticos generales para un trastorno de personalidad son:
A. Un patrón permanente de experiencia interna y de comportamiento que se aparta acusadamente de las expectativas de la cultura del sujeto. El patrón se manifiesta en dos o más de las áreas siguientes:
1. Cognición (formas de percibir e interpretarse a uno mismo, a los demás y a los acontecimientos).
2. Afectividad (gama, intensidad, labilidad y adecuación de la respuesta emocional).
3. Afectividad interpersonal.
4. Control de los impulsos.
B. Este patrón persistente es inflexible y se extiende a una amplia gama de situaciones personales y sociales.
C. Este patrón persistente provoca malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral u otras áreas importantes.
D. El patrón es estable y de larga duración, y su inicio se remonta al menos a la adolescencia o al principio de la edad adulta.
E. El patrón persistente no es atribuible a una manifestación o a una consecuencia de otro trastorno mental.
F. El patrón persistente no es debido a los efectos fisiológicos directos de una sustancia (droga, medicamento), ni enfermedad médica.